Guillermo Fernandez Marrupes

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Actualidades

Fotografía analógica y digital: un asunto de cobres

Las grandes casas fabricantes de productos fotográficos han sabido mantener muy en secreto sus mejores cartas, ya que de ellas depende el éxito de sus estrategias de ventas, y está claro que las grandes marcas no son tan ingenuas como para invertir tanto dinero sin haberse puesto de acuerdo en una serie de premisas fundamentales. La primera de ellas ha intentado colocar a la película como un producto en decadencia de cara a las maravillas del sistema digital. Claro, esto es justo lo que se necesita en primera instancia para excitar las billeteras de millones de personas ávidas de consumo masivo. Mucha gente se sorprende que todavía haya fotógrafos profesionales trabajando con película y no en digital. Los que así creen sin duda mordieron muy bien el referido anzuelo. No saben, por ejemplo, que mientras las cámaras digitales 135 mm y formatos mayores aumentan su capacidad de píxeles –sin duda un importante y sostenido avance, aunque costoso, siendo la inmediatez de obtención de la imagen un elemento particularmente relevante-, todas las películas en blanco y negro y color también han sido mejoradas permanentemente por medio de la disminución del tamaño y estructura del grano fotográfico, aun cuando este factor parece pasar, sospechosamente, por debajo de la mesa en lo que a prestaciones y características de ambos sistemas se refiere. Para tener una idea más concreta, las películas de formato 135 mm Kodak Technical Pan y Ektar, blanco y negro y color respectivamente, ambas de ISO 25, equiparan la calidad que ofrece el formato 4 x 5 pulgadas, es decir, la calidad de un formato de película doce veces mayor en área visual, lo cual es realmente sorprendente. Pasará tiempo antes de que el formato digital logre algo parecido, y para ese entonces la película no se habrá quedado atrás. Después de invertir en un equipo digital de alta respuesta, es ineludible tener que invertir en el resto de los componentes de la cadena que lo acompañan: computadora, memoria y afines. Con una cámara mecánica y un muy buen lente de vidrio pulido, que posiblemente ya tenga en casa, usted logrará hacer fotos de gran calidad técnica. Los factores antes descritos hacen pensar que todo este asunto no es otra cosa que una campaña que los fabricantes pusieron a rodar, inteligentemente, para redirigir el consumo fotográfico hacia otro sistema que, por novedoso, ha generado ganancias multimillonarias para quienes se subieron a ese tren. Más de uno lamenta haberlo perdido. Un punto particularmente relevante en torno a las diferencias reales entre los dos sistemas es lo que se conoce como latitud de registro. Una toma digital sobre-expuesta no permite rescatar los valores de las altas luces o zonas claras de la imagen -en cuyo caso se asemeja a la película en transparencia o diapositiva color, aunque sin la misma calidad-, mientras que, por el contrario, las películas de negativo color y blanco y negro permiten recuperar muy satisfactoriamente en el laboratorio esos mismos valores críticos por medio del control de la exposición del papel fotográfico a la luz que proviene de la ampliadora. Por otra parte, la conformación cuadrada del píxel no se diluye tan bien como el grano -que es irregular- en el soporte de la imagen. Invitamos a ver estas diferencias a través de un cuentahílos, experiencia que resulta muy esclarecedora. No obstante, más allá de las diferencias y particularidades de cada sistema, siempre prevalecerá la visión genuina del fotógrafo y la forma de representar sus ideas.

 

1ra. Bienal Internacional de Fotografía. Venezuela 2006

En la primera edición de este importante evento, que se presenta actualmente en el Museo Alejandro Otero, se exhiben trabajos de fotógrafos destacados y noveles que ofrecen un panorama de gran variedad visual y de contenidos en torno al viaje –tema central-, aunque no todos son inéditos. Se trata sin duda de una muestra interesante por el alto nivel de calidad de muchas de las propuestas allí presentes, las cuales conforman un marco apropiado para reflexionar en torno a la necesidad de implantar definitivamente la figura del anonimato en este tipo de acontecimientos culturales donde las obras inéditas sean también una condición en las bases de convocatoria, así como la asignación de los premios por unanimidad y no por mayoría simple; esta cláusula deja una laguna muy grande... Desde hace años se espera  asumir conjuntamente el reto sincero de inventar nuevos mecanismos para evitar favorecer, de manera sistemática, a amigos y relacionados –como tantas veces ha ocurrido anteriormente en el ámbito cultural-, garantizando más rigor incluso por parte de los propios remitentes –que a veces caen en la tentación de hacer variaciones con las mismas imágenes de series anteriormente expuestas- y haciendo honor a aquél saludable refrán llanero que dice: “las cuentas claras y el chocolate espeso”. A título de ejemplo podrían conferirse, adicionales a los que ya existen, reconocimientos especiales a fotógrafos de ciudades pequeñas o poblados que tengan una población determinada –siempre y cuando, obviamente, tengan los méritos que correspondan-, de modo que exista una proporcionalidad comparativa hacia las necesidades expresivas de los venezolanos de provincia que han decidido plasmar sus ideas a través de la fotografía, a sabiendas de que la mayoría de ellos no cuenta con los servicios ni recursos de los que se dispone en los centros más poblados del país. De una manera u otra, en esta primera edición se ha avalado nuevamente la visión que de este medio se tiene desde Caracas, ya que a los fotógrafos del interior no se le asignaron en esta valiosa oportunidad ni siquiera menciones. Luce razonable incluso considerar, analizando las características de lo mostrado, dos categorías fundamentales en las bases: fotografía directa y fotografía intervenida.

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